La vida está repleta de contradicciones. ¡Vaya novedad! Debe ser justamente por eso que uno va fluctuando entre juicios y valores, de acuerdo a cómo transcurra, y a cómo vaya cambiando la mirada, según circunstancias y edad. De tal modo que, lo que se asume de chico, no siempre prevalece frente a lo que la experiencia da, al punto de provocar conflictos difíciles de encarar.
Pero, ¿quién quiere pensar en cosas serias ahora, cuando todavía está en auge ese limbo irreal en el que nos zambullimos cada verano, para nadar en aguas del olvido y la evasión que disipen la tediosa realidad? Sin embargo, el día a día es inexorable, y siempre hay una persona desesperada por que la escuchen y tengan en cuenta, en su derecho a no sufrir más y a que la ayuden a terminar con su infortunio sin esperanza. O una chica que reclama alegremente libertad de elección, ante un embarazo no deseado. O un matrimonio que, amparado en los nuevos adelantos de la ciencia, exige atributos en el hijo, para que sea lindo y fuerte. O algún cónyuge separado, que igual pretende legitimidad sobre huevos fecundados de su ex pareja. En fin, apenas algunas facetas de los tantos temas que debe resolver la sociedad hoy, inmersa en un mundo que se mueve a velocidad, y que conducen a situaciones impensables y sin retorno; cuestiones que hacen a la vida y a la muerte, a la convivencia pacífica o violenta. Un plato fuerte que es oportuno poner sobre el mantel, en especial en este cálido y ardiente febrero en que se abordarán discusiones pendientes.
Claro que, mal que nos pese la gravedad de tan insondables dilemas, nada ni nadie podrá opacar la gran fiesta que tradicionalmente se celebra en este mes lo pauta la cuaresma, y que se mueve a ritmo de tamboriles, baterías o trompetas. Porque son muchos los carnavales famosos, repartidos por diferentes ciudades del planeta; y aunque cada uno defienda y promueva su propio perfil, no niegan que tienen en común el origen popular y pagano.
En Montevideo, con el desfile de las Llamadas queda afianzada una temporada prolongada de corsos, murgas y comparsas que se mueven por los escenarios de los distintos barrios de la capital. Es el anuncio previo de la tan esperada semana consagrada al turismo interno, de ahí el propósito de mostrar playas de arena y de río, que también hacen al paisaje natural y profundo de nuestro país. Sin soslayar, por supuesto, el acontecer en Punta del Este, con sus fiestas, exposiciones y visitantes más o menos ilustres, aun atraídos por el desenfado de un balneario sin protocolos, que ya exhibe las dos caras del progreso desmadrado: por un lado la imagen descorazonadora y real de una selva de cemento imparable; y por otro, los verdes extendidos en chacras privadas al otro lado de la Barra y su oferta de alimentos naturales, vegetales de la huerta, vinos y aceites producidos a partir de cultivos locales; un conjunto de usos que retrotrae la memoria y que constituye el motivo primordial por el que llegan los extranjeros hasta acá.
Lo dice la psicoterapeuta Esther Perel: no se puede desear lo que ya se tiene. Quizás por eso es que no se valora el rico patrimonio de una naturaleza salvaje con vista al mar. Es un concepto que si bien se aplica a todo, lo trajo a colación en una charla que brindó sobre cómo recuperar el deseo por el otro, en parejas que ya no vibran como en un principio. ¿Será posible revivir esa emoción? ¿Existe acaso una fórmula mágica? De seguro, es otro de los tantos misterios humanos.
Mientras lo piensan, recorran la revista. En el balance entre lo bueno y lo malo que depara la vida, llegarán a su propia conclusión.