De cara a los adelantos con los que día a día nos sorprende la ciencia -y por supuesto la tecnología puesta a su servicio- uno no puede menos que maravillarse y tratar de imaginar cómo será el mundo de aquí a pocos años para quienes lo habitamos. Más automatizado, seguro, y menos humanizado también, siempre y cuando se legisle en pos de proteger derechos inalienables de las personas. En el campo de la genética el avance es increíble y el riesgo de desprotección también. Porque ahora, una simple gotita de sangre extraída del talón de un bebé sirve para obtener el mapa de su ADN, con la información detallada sobre sus probabilidades de sufrir enfermedades limitantes. Un hecho que afectará gravemente su vida, ya que no habrá aseguradora que lo acepte, ni cobertura médica, ni facilidad de empleo, por más inteligente que sea, y aunque el mal no se manifieste. Claro que éste es un aspecto negativo del asunto, que bien mirado abre las puertas a la prevención y mejor salud de millones que hoy tienen la posibilidad de conocer su perfil genético sobre 247 trastornos, tales como la diabetes tipo 2, el cáncer de mama, el riesgo de degeneración macular y otras dolencias hereditarias. ¿Cómo? Enviando una muestra de saliva en un tubo, más el pago de unos cien dólares.Y a las ocho semanas, están los resultados. Todo un tema que se vincula a otros tantos que enfocamos en esta edición dedicada al milagro de la vida y a ese privilegio que tenemos las mujeres de engendrarla. Un sentimiento incomparable que no tiene contención y por tanto no puede expresarse en palabras, porque cualquiera resulta pequeña y sin sentido frente a la emoción y el desvelo que genera el ser madres. De sangre o de ley. Basta con sentir las ansias de ese mandato, que a la vez exige disposición a emprender nuevos caminos, a ser hombro y abrazo amoroso, pero también base de lanzamiento. Por eso se juzga con dureza a quienes renuncian y ceden. Bueno es tener en cuenta que en todo acto de adopción hay una madre que recibe y otra que entrega, porque se rinde ante la ilusión de que su hijo tendrá algo mejor. De ahí la idea de incluir una historia de vida común contada por una chica que se vio ante un embarazo no deseado y que en medio de los problemas que afrontó, igual privilegió el latido que llevaba en su seno. Lo tuvo en soledad y se desvinculó, sabiendo que ya nada volvería a lo de antes. Son instancias que ponen a prueba y no siempre se ve con claridad. Lo importante es que la maternidad honra a la vida. Se sabe, madres hay muchas. Están las que la posponen. Apoyadas en que ahora se congelan los óvulos a edades fértiles, dedican sus mejores años al trabajo y dejan la concepción para los cuarenta o cincuenta; un gesto poco recomendable en otros tiempos. O las que siendo jóvenes tienen chicos e igual prosiguen con sus tareas, por lo que deben delegar su cuidado en personas que a veces no resultan tan confiables como parecen. O las que están embarazadas y tienen miles de dudas que no se atreven a plantear.Y podría seguir. Lo cierto es que en más de 200 páginas hay rollo para hablar de estos temas y más. ¿Una pista? El siempre interesante discurso de Paulo Coelho, en especial ahora que sobrevivió a la muerte. La palabra afinada de Dustin Hoffman, otro personaje que se las trae. Alertamos sobre el sexting, nueva modalidad a las que se exponen los adolescentes en las redes. Nos ocupamos de la moda, proponemos regalos, atendemos el arte y mostramos la movida que tiene en jaque a la Muy Fiel. ¿Qué más? Tengamos la fiesta en paz. Feliz día de la Madre.
