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Omm… Como en cada año que empieza, actualicé la lista de propósitos con que me gustaría encarar los próximos 357 días que restan de 2010, sin el nerviosismo ni los agites propios de esta vida a las corridas, hasta ahora pautada por agendas pretenciosas que nunca dan tregua. Hace ocho días que respiro hondo y profundo, y de a ratos retengo el aire, como para confirmar, y sin duda celebrar el hecho de estar viva. Sin embargo, la mente sigue conectada a 220, y cada tanto se sobresalta con algún proyecto pendiente. ¿Cómo lograr la desconexión total durante las vacaciones? ¿Cómo disfrutar del descanso sin culpas? ¿Cómo convertir ese tiempo de recreo ganado con esfuerzo, en tiempo libre de verdad? Con esa idea fue conformándose esta edición de enero, atenta como siempre al devenir del veraneo por estas latitudes, y al ocio, un tema para nada menor que a muchos estresa y hasta puede llegar a convertirse en pesadilla, no sólo para el que lo sufre en su carne, sino también para los que están alrededor. Dice Sergio Sinay que vacaciones viene de vacatio, cuya traducción del latín significa tiempo de vaciamiento y que justamente se trata de eso, de vaciar algo que está lleno. Pero cuidado, porque hay dos tipos de vacío: el fértil, el del silencio y la contemplación que permiten fundirse con el entorno y reintegrarse a la naturaleza en todas sus dimensiones y el otro, el existencial, el de la angustia de no encontrar sentido a lo que se hace, el que confunde y conduce a cualquier cosa con tal de no pensar, el que lleva a la fuga y al consumo voraz. Y continúa, en una nota que de seguro constituirá un aperitivo más que contundente para tomar las riendas y emprender ese viaje que tarde o temprano conviene realizar al interior de uno mismo. Un viaje que requiere bajar la velocidad, disminuir el ruido, la hiperactividad, y por supuesto, la voracidad por lo material. Un viaje que de ninguna manera significa dejar de lado ni la diversión, ni el placer, y que apunta a redescubrir y valorar a esos seres queridos que están y que muchas veces quedan relegados. Un tiempo no planeado que simplemente acontece, comenta en otro momento el autor. De la misma forma en que transcurren los días en lugares no necesariamente alejados, en los que la naturaleza permanece intacta, con la energía que transmiten las sierras, amenizadas, de tanto en tanto, por el sonido de aguas que corren y producen un efecto adormecedor. Mucha gente ha optado por este tipo de retiro sanador, que regala la bendición del silencio, amén del bien precioso que es la contemplación. En efecto, quien se anime a incursionar por las sierras de Minas, podrá sorprenderse con diferentes paseos de hondo misticismo, como es la visita al templo budista Chagdud Gonpa Sengue Dzong, enclavado en la cima de un cerro que a simple vista parece inexpugnable. Claro que por otro lado están los que interpretan la inspiración de Buda de una manera más aggiornada a los tiempos que corren. Es el caso de Segyu Rinpoche, quien visitó Montevideo y habló sobre la importancia de liberar a la mente de dogmas y patrones que limitan, para así despertar y ver las cosas como son, sin historias que condicionen. Algo que sabe hacer muy bien Henry Cohen, flamante vicepresidente de la Organización Mundial de Gastroenterología, tras 28 años de profesión, practicando siempre la verdad con sus pacientes. Pero no sólo de meditación y cosas serias vive el hombre. Es tan bueno tomarse un respiro, como también divertirse con la movida que manda en las playas más en onda de esta temporada. Sin ansiedades, sin apuros, sin horarios, sin obligaciones. ¿Qué es imposible? Omm…

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