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Una pelÃcula en colores, con escenas en blanco y negro. Esa es la vida, señores; y cualquier parecido con la ficción sà tiene que ver, porque no sólo es escenario, sino también inspiración de lo que sucede a cada uno de sus protagonistas; de carne y hueso como usted y yo. Fuente de alegrÃas y de tristezas, atrapa desde el mismo momento en que se nace, al punto de llegar a odiar el fatÃdico dÃa en que habrá de cerrarse, sin importar si fue corto el camino, o demasiado largo para quien lo padeció. Una viña con de todo, tal cual lo estableció el Señor, con mucho librado a la suerte, por eso la recurrente pregunta de ¿por qué yo? Justamente, es la que se hacen tantas y tantas vÃctimas de algunos humanos violentos, capaces de infligir el más perverso de los daños, a seres queridos que vinieron a este mundo se supone que por amor. Todo un tema que duele y que cuesta abordar, pero que sirve de alerta para que otros no se resignen ni se den por vencidos, y se animen a hablar. Es lo que hizo Isabelle Aubry, una valiente francesa que desde los seis años se vio abusada por su padre, y que al final dio a conocer la historia, en un libro desgarrador donde dejó plasmados años de sometimiento. De la misma manera lo resolvió por estas latitudes Mariela Ferreira, cuando decidió estampar en papel, su experiencia terrible a manos de un hermanastro, al que nunca denunció. Son situaciones extremas que aunque se resuelvan, seguramente tendrán consecuencias en la etapa adulta, con actitudes y temores que pueden afectar a sus hijos. DurÃsimo pero no infranqueable. Ejemplo de ello son estas dos mujeres bien paradas, que convirtieron su calvario en enseñanza, en prueba total de que sà se puede. Sin culpas, claro. Por otro lado, y como para equilibrar la balanza, llamamos a la puerta de hijos cuyos padres ejemplares supieron crecer como hombres de reconocimiento, dadas sus diferentes facetas y ocupaciones. Ellos los evocan, ahora que no están, a través de anécdotas vÃvidas y entrañables, con un denominador común: ninguno se olvida de esa frase, comentario o gesto grabado a fuego. Una nota que en lo personal me movió, y que de seguro actuará en el lector como detonador de memorias. De las buenas, las risueñas y positivas. Porque de lo que se trata es de vivir con alegrÃa, como cantaba Peret. Por eso, a riesgo de que nos tilden de locos o de frÃvolos por manejar tan duros contrastes, igual dedicamos un considerable número de páginas a lo que es tendencia en este excéntrico mundo siempre abierto a los cambios. Ya no es novedad en las grandes capitales la onda bi-chic, un poco inspirada en lo que en su momento fue la moda unisex, pero con otro fundamento, dado que hoy están en boga actitudes entre mujeres y entre varones, asà como una forma en el vestir con la que jóvenes desafiantes intentan decir que sus prácticas sexuales van por la senda que se les cante, y no por la pudiera indicar su genética. O no. Porque el asunto también pasa por provocar, insolentar, o escandalizar. Es lo que se ve y es mandato en el microcosmos de las pasarelas. Asà lo evidenció la Semana de la Moda de San Pablo, tan cosmopolita como la que más, con su fauna propia y su propuesta impactante, resultado de un mix entre lo fashion y lo local, tocado por una naturaleza exuberante. Como las mujeres, los estampados, el estilo de vida, en fin: tudo jóia. Pero nunca tanta como la que explotó en Uruguay con el último hálito de la celeste frente a Ghana. ¡Qué partido! ¡Qué entrega! Es el tema que ha logrado unir a los uruguayos. Un fenómeno que vino muy bien para que nos alineáramos detrás de la camiseta, y viváramos juntos a un equipo que dejó el alma en la cancha. ¡La unión hace la fuerza!, reza el dicho y viene a cuento porque el 20 se celebra el dÃa del amigo. ¿Qué va a pasar de ahora en más? Dios dirá. Estar entre los cuatro mejores da para festejar. Y como decÃa Peret: ¡Es preferible reÃr que llorar, asà la vida se debe tomar, los ratos buenos hay que aprovechar y si fueron malos mejor olvidar. Mirar al mundo con alegrÃa, tratarnos todos con simpatÃa, porque la vida volando pasa, dejar lo malo para mañana! u |
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Editorial



