El sucesor:El papá, de River; él, de Boca. ¿Qué mejor que alentar al equipo de fútbol archienemigo para sentar una diferencia de por vida? Desde chico, Eduardo (h) quiso buscar un camino que lo independizara del recorrido de su padre, un empresario argentino cuya fortuna es superior a los 300 millones de dólares. Aunque siempre que el papá le pidió que tomara el mando de alguno de sus proyectos, él dio un “sí” incondicional. Así, trabajó en Consultatio, la empresa de inversión inmobiliaria de Eduardo Costantini padre; y fue director ejecutivo del Malba, museo de arte latinoamericano instalado en Buenos Aires y fundado por quien lo vio nacer…
La emancipada:Le costó horrores abandonar la empresa constructora de su padre; pero no se arrepiente en lo más mínimo. El arte la cautivó desde que tiene memoria y a eso se dedicará hasta que la pierda. “Pinté toda la vida, pero antes lo hacía fuera del horario de estudio y de trabajo”, dice Patricia Lara Campiglia. El uso que le ha dado a cada nombre deja expuesta su verdadera vocación: “Patricia es el que menos me gusta, por eso lo usé para abrir la inmobiliaria. Cuando decidí dedicarme al arte hice muchos cambios en mi vida y me enfrenté a quien soy, a lo que realmente quiero hacer, y yo me siento identificada con Lara Campiglia”. El curriculum de la artista de 37 años revela que empezó a trabajar muy joven. A los 15 comenzó su carrera en Campiglia Construcciones, la reconocida compañía uruguaya fundada por su padre Eduardo. “Me usaban de che pibe, sacaba fotocopias e iba a algún banco. Dos años después ya iba con horario fijo. A los 19 años le propuse crear el departamento inmobiliario de la empresa; me dijo que entendía mis razones pero que él no tenía tiempo para ocuparse, que lo abriera por mi cuenta si creía en ese proyecto”, recuerda quien lo inició con 900 dólares para la compra de los muebles y los bastidores de la oficina...
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