Home / Notas / Conductas conflictivas, Trastornados
Conductas conflictivas, Trastornados
Van por la vida gritando lo que piensan. Les resbala la opinión del otro. Manipulan para obtener lo que desean. Son conflictivas, egoístas y dañinas. Y hasta pueden con vertirse en delincuentes. Lo curioso es que, pese a la descripción, estas personas funcionan en sociedad: estudian, trabajan e incluso pueden destacarse en lo que hacen. “Todos los días lidiamos con ellas”, asegura el médico psiquiatra Freedy Pagnussat. Es que si bien no califican para una enfermedad mental, su conducta y sus formas de vincularse están lejos de lo saludable, de ahí que terminen enloqueciendo al entorno. El problema de estas personas radica en que su personalidad se conformó de una manera defectuosa. “Todos tenemos rasgos de personalidad que nos caracterizan, aspectos que son sanos y constructivos, y también algunos que pueden generarnos conflictos con nosotros mismos y con nuestros vínculos. Pero para que se constituya un trastorno, esas características deben ser rígidas, inflexibles, desadaptativas y que generen un deterioro funcional significativo”,detalla la licenciada en psicología Laura de los Santos en base al manual de desórdenes mentales DSM-IV. Cualquier individuo puede mostrar una reacción impulsiva o desbordada frente a determinada situación, pero eso no significa que padezca una alteración en su personalidad. Quienes sí presentan un trastorno se enfrentan impulsivamente o desbordadamente a cualquier tipo de situación; de hecho, repetir una y otra vez la misma conducta es propio de alguien con una personalidad trastocada. “Les cuesta mucho cambiar su forma de pensar, son esas personas que van por la vida haciéndoles escuchar a los demás lo que opinan y nada les importa lo que opinen los otros”, precisa Pagnussat, directivo de la Asociación de Psiquiatría de América Latina. En la práctica son las personas que popularmente se tildan de “histéricas”, “jodidas” o “mala gente”. Pero en la teoría, la psiquiatría las clasifica en diez categorías, con una adicional de “no específico”. Basada en la similitud de sus características, es posible reunirlas en tres grupos. El primero -A-incluye a los paranoides, esquizoides y esquizotípicos, que suelen ser sujetos raros o excéntricos. El segundo grupo -B-encierra a los antisociales, límites o borderline, histriónicos y narcisistas; estos individuos suelen ser dramáticos, emotivos o inestables. En tanto, el tercero -C-agrupa a los trastornados por evitación -evitadores-, por dependencia -dependientes-y a los obsesivo-compulsivos, quienes se muestran ansiosos o temerosos con estas alteraciones.
Cada trastorno tiene sus particularidades (ver recuadro), pero hay una característica común a todos y es que no registran el daño que provocan, tanto a sí mismos como a su entorno. “En psiquiatría se dice que son egosintónicos, es decir, que viven en sintonía con su trastorno. Para ellos está perfecto su accionar; muchas veces hacen que los demás la pasen mal, pero ellos no se dan cuenta”, detalla el psiquiatra.
Si los conflictos terminan desbordándolos, es posible que lleguen a identificarlos. Pero aún así faltará la autocrítica. “Es probable que reconozcan que tienen muchos problemas, pero inmediatamente dirán que los demás no los comprenden, no los aceptan o no los quieren. Ellos jamás asumirán que son los causantes de esos problemas”, explica. Lo curioso es que no actúan de forma inconsciente, como sucede en patologías psiquiátricas como la bipolaridad o la esquizofrenia; de ahí que sean imputables ante la ley.
El hecho de vivir en sintonía con este comportamiento defectuoso hace que la mayoría ande por la vida lanzando frases tales como “yo soy así, si te gusta bien y si no también” o “yo soy sincero, siempre digo lo que pienso, le guste a quien le guste”. Por eso se trata de un trastorno poco diagnosticado. “Casi nunca consultan, ni lo harán. Hay mucha más gente con esta alteración de lo que se ve en el consultorio”, señala Pagnussat, quien afirma que la prevalencia es mayor al 10 o al 15 por ciento que indican las estadísticas.
Los que realmente padecen sus conductas son los seres más allegados. Tan es así que la mayoría de las veces son estos quienes los obligan a consultar. “O ves a un médico o te vas de casa”, suele ser un ultimátum que fomenta la visita al especialista. Pero no todos atienden el reclamo; Gustavo – nombre ficticio para mantener su anonimato y el de su ex pareja– lo sabe bien: “Cuando la cosa se complicaba y yo amenazaba con irme, ella me prometía que iba a consultar. Pero era un gesto para dejarme contento a mí y para aplacar el problema”, cuenta quien vivió la relación de pareja, con convivencia incluida, como un padecimiento.
“Se llevaba mal con sus padres, sus hermanos, criticaba a toda la familia.
Con mis seres queridos hacía lo mismo, nadie se me podía acercar cuando ella estaba presente. Siempre rompía la armonía. Le faltaba empatía, se creía el ombligo del mundo”, recuerda. ¿Por qué permanecía en esa relación agobiante? “En otros aspectos se ponía las pilas, era atenta, detallista y muy seductora. Me atrapaba por ese lado”, relata Gustavo.
Confiesa que podría estar horas relatando las situaciones tormentosas que vivió junto a esa mujer, pero al momento de resumirlas se centra en una palabra: manipulación. “Todo era un chantaje emocional. Más de una vez me dijo que se mataría si la dejaba, pero nunca hizo nada de eso. Tenía la capacidad de llevarme al límite, tiraba de la piola hasta donde podía”, admite quien prácticamente terminó huyendo de la casa que compartían.
La inestabilidad en los vínculos se da porque los seres queridos se cansan del maltrato, la irritabilidad, la impulsividad y las explosiones; lo mismo les sucede en el trabajo o en las relaciones de amistad. Si logran conservarlos es a merced de la paciencia y la tolerancia exacerbadas de los otros.
Más allá de esto, la mayoría funciona en sociedad; de hecho esto no tiene una incidencia directa en el desarrollo intelectual. “Cuando consultan es porque la conducta se desajusta mucho de lo que se espera de la persona”, señala la psicóloga De los Santos. Aquí entran en juego los casos más severos, como el trastorno borderline y el antisocial, en los cuales se dan intentos de autoeliminación, consumo de sustancias ilegales, fuertes depresiones y hechos delictivos de cualquier grado.
La gravedad de las conductas lleva a que estas alteraciones sean las que más se ven en la consulta, aunque no necesariamente signifique que sean las más frecuentes. Los expertos las atienden porque son las que se encuentran en el límite de una patología psiquiátrica. Para tener una idea, la mayoría de los delincuentes presenta una personalidad antisocial, mientras que aquellos que se lastiman a sí mismos suelen padecer un trastorno borderline o fronterizo. “En todas las personalidades defectuosas se observa una incapacidad de desarrollar un sentido de identidad propia, pero en los borderline esa característica está bien marcada. Existe una falta de identidad en todos los aspectos, incluso de género; a menudo incurren en auto agresiones y muchas veces lo hacen con fines manipuladores”, dice el psiquiatra.
Individuos de cualquier género, edad y clase social pueden ser fronterizos; incluidas las celebridades. Así intenta probarlo el neuropsiquiatra alemán Borwin Bandelow en el libro Celebrietes vom schwierigen gluck, berühmt zu sein, cuya traducción más acorde sería Celebridades: la difícil y peligrosa felicidad de ser famoso. Estas páginas dan respuesta a interrogantes que rondan el mundo de la fama. ¿Por qué muchas estrellas viven en el filo de lo “normal” y lo “anormal”?, ¿Cuál es la razón por la cual se ven envueltos en escándalos sexuales, en el consumo de drogas y en intentos de suicidio?
El médico estudió mil casos de famosos que no llegaron a cumplir los 35 años, y que en su mayoría fallecieron por sobredosis de droga o suicidio, y descubrió que los patrones de conducta eran los mismos: impulsividad, tendencias autodestructivas, despilfarro de dinero, relaciones inestables y un excesivo miedo al abandono. La curiosidad por las drogas, los desenfrenos sexuales, la desmedida necesidad de atención y de compensar el vacío emocional con experiencias extremas, presentes en todos los sujetos analizados, forman parte de un cuadro borderline. Kurt Cobain, Jim Morrison, Brian Jones, Janis Joplin y Sid Vicious, líder del grupo punk Sex Pistols, personifican a la perfección esta alteración de la personalidad.

¿Por qué?
Las causas son múltiples. Todos los trastornos están condicionados genéticamente, pero siempre en interacción con factores psicosociales y con-textuales. “De nuestros padres heredamos determinadas características, muchas de las cuales están marcadas biológicamente. Pero luego, en la convivencia con los otros, se presentan sucesos y vicisitudes que también van moldeando la personalidad, y haciendo que una persona adquiera distintos mecanismos de respuesta, que en estos casos son rígidos e inflexibles”, indican los expertos.
Si bien estos factores biológicos, genéticos y personales inciden en la construcción de la personalidad; también la familia y el entorno social ejercen un peso determinante. Por eso la educación es el remedio más efectivo contra este trastorno. “La actuación de los padres es fundamental, pero también la educación formal y la educación en valores. Es de orden empezar campañas de educación en valores, que transmitan cómo perseguir los ideales. Esto ayuda a prever las alteraciones”, advierte Pagnussat.
La puesta de límites se vuelve primordial, sobre todo en las edades más tempranas. “Trabajo mayormente con adolescentes y veo los horrores de los padres a la hora de poner límites de manera adecuada. Eso no significa ponerse rígidos, porque eso generará la misma reacción en el otro, sino hacer entender que las normas están para ser cumplidas. La excesiva permisividad da la pauta al hijo de que puede hacer lo que quiera, y luego tendrá que atenerse a las consecuencias”, aconseja el experto.
Es que una vez conformada la personalidad en la adolescencia –luego de transitar esta etapa recién se puede hablar de trastorno–, las conductas se instalan de tal manera que cuesta mucho modificarlas. Sin embargo, no todo está perdido. “La personalidad se puede trabajar. Existen abordajes terapéuticos para ayudar a la persona a tomar conciencia de cómo reacciona, cómo se vincula con los demás y qué le genera inestabilidad. Cuando el individuo comienza a darse cuenta de las problemáticas y dificultades que tiene, se puede empezar a trabajar sobre ellas. El control de los impulsos y la tolerancia a las frustraciones también se deben abordar, pero llevan su tiempo: lo construido desde la niñez hasta principios de la adultez no puede cambiarse de un día para el otro. Aunque no es imposible”,asegura De los Santos, docente de la facultad de Psicología de la Universidad de la República.
La ayuda terapéutica parece ser una buena herramienta al alcance de la mano, sobre todo si se tiene en cuenta que no existe medicación para tratar puntualmente los trastornos de la personalidad. Tal como lo explica el psiquiatra, “sí hay fármacos para abordar situaciones derivadas de estas alteraciones. En el caso de que el trastorno provoque una alta impulsividad y lleve a la persona a agredir o a adquirir conductas de riesgo, se pueden usar medicamentos contra la impulsividad y la agresividad. Lo mismo si se deprimen, para eso son los antidepresivos. A menudo se los interna con el fin de protegerlos a ellos y a los otros”.
Para no generar pánico, vale la pena aclarar que todos los seres humanos tienen, en mayor o en menor grado, rasgos narcisistas, dependientes, histriónicos u obsesivos; de ahí que al leer las especificaciones de cada trastorno más de uno se sentirá identificado. Por eso también es preciso reiterar que en los individuos con la personalidad trastocada, estas características son inflexibles, duraderas en el tiempo y se apartan de lo que se espera de ellos. En definitiva, hacen ruido en el entorno; esa es la real alerta.


UNO A UNO


PARANOIDE
Desconfía de los demás porque piensa que los otros siempre tienen malas intenciones. Sospecha, sin argumentos, que se aprovecharán de él, le harán daño o lo engañarán; y duda permanentemente de la lealtad o la fidelidad de los amigos o socios. Lo mismo le sucede con su pareja; piensa que le es infiel sin justificación. El individuo con este trastorno no confía en los otros por temor a que la información que compartan pueda ser usada en su contra; elucubra que la gente está tramando algo para perjudicarlo. Los rencores lo acompañan por mucho tiempo: no olvida los insultos, las injurias o los desprecios. Y está predispuesto a reaccionar con ira y hasta contraatacar.

HISTRIÓNICO
Busca llamar la atención todo el tiempo y se comporta de manera teatral. Su expresividad exacerbada lo lleva a establecer relaciones con facilidad pero de un modo superficial. Las emociones suelen ser exageradas, infantilizadas e ideadas para provocar la simpatía o la atención de los otros. Tiene comportamientos sexualmente provocativos o tiende a sexualizar las relaciones. Puede no querer en realidad un vínculo de este tipo; más bien, su postura seductora encubre el deseo de dependencia y protección. Algunos de estos individuos también son hipocondríacos y agrandan sus problemas físicos para conseguir la atención que necesitan.

NARCISISTA
Se cree grandioso, magnifica sus logros y capacidades, y espera ser reconocido como superior, aunque los resultados no lo acompañen. Vive fantaseando con el éxito ilimitado, el poder, la brillantez, la belleza y el amor imaginarios. Se considera especial y único, por lo que piensa que solo puede relacionarse con personas de alto status. Por estos aires de superioridad, espera ser admirado y con frecuencia se imagina que otros lo envidian. Los comportamientos arrogantes y soberbios dominan su carácter, y carece de empatía. Suele ser sensible al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se le presenta una situación de este tipo, se vuelve rabioso o deprimido.

EVITADOR
Le tiene tanto terror a las críticas, a la desaprobación y al rechazo que evita realizar trabajos y actividades con otros. Si no está seguro de que le agradará a los demás es probable que se encierre en sí mismo; esto hace que en la intimidad se muestre reprimido por miedo a ser avergonzado o ridiculizado. Esta persona no responde al rechazo con cólera, tal como se ve en los borderline; sino que se exhibe tímida y retraída. Se siente inepta, poco interesante e inferior a los demás. Es que en verdad sufre por su aislamiento y la falta de habilidad para relacionarse. Podría decirse que este trastorno es similar a la fobia social.

DEPENDIENTE
Transfiere las decisiones importantes y las responsabilidades a otros porque tiene serias dificultades para tomar-las. Muestra problemas al momento de expresar su desacuerdo con los demás porque teme perder apoyo o aprobación. Debido a la falta de confianza en su propio juicio o en sus capacidades, le genera mucho conflicto iniciar proyectos o hacer las cosas a su manera. Puede llegar a realizar tareas desagradables con tal de lograr la protección de los demás. Estar solo le pone incómodo y le hace sentir desamparado porque piensa que no sabe cuidar de sí mismo. Cuando termina una relación busca otra lo antes posible para que le proporcione el cuidado y apoyo que necesita. 

OBSESIVO-COMPULSIVO
El orden, el perfeccionismo y el control mental dominan la personalidad de este individuo. Se preocupa en exceso por los detalles, las normas, las listas y los horarios, al punto de perder de vista el objeto principal de la actividad. Puede ser incapaz de terminar un proyecto porque no cumple con sus propias exigencias, las cuales son estrictas por demás. Tiene una exagerada dedicación al trabajo y a la productividad y esto lo lleva a excluir las actividades de ocio. Es terco, escrupuloso e inflexible en temas de moral, ética y valores. Le cuesta horrores delegar trabajos a otros, salvo que éstos se sometan exactamente a su manera de hacer las cosas. Es avaro y obstinado. 

ESQUIZOIDE
El individuo con este trastorno muestra un marcado distanciamiento en las relaciones sociales, podría decirse que es excesivamente introvertido. Jamás expresa sus emociones, de ahí que se muestre como una persona con una extrema frialdad. No desea ni disfruta de las relaciones personales, ni siquiera el formar parte de una familia; por eso elige casi siempre actividades solitarias. Las experiencias íntimas con otra persona no le atraen para nada y goza muy poco, o nada, de cualquier cosa que haga. Carece de amigos íntimos o personas de confianza, mientras que las críticas le son indiferentes, al igual que los halagos.

ESQUIZOTÍPICO
Tiene una idea fija; muestra un interés sobrevalorado hacia algunos temas puntuales, como pueden ser la religión o los extraterrestres. Para que se entienda, es aquel que tiene creencias raras o pensamientos mágicos, el supersticioso, el Que cree en la clarividencia, la telepatía o el sexto sentido. Puede vivir experiencias perceptivas no habituales, es quien dice experimentar apariciones. Habla de forma extraña: echa mano a las metáforas y usa un lenguaje estereotipado. Su apariencia está en sintonía con su peculiar forma de pensar y hablar. Como el paranoide, es desconfiado y no tiene amigos íntimos.

ANTISOCIAL
Desprecia y viola los derechos de los demás. No se adapta a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, por eso muchas veces termina entre rejas. 
Es deshonesto, siempre miente, y hasta puede usar un alias para estafar a otros, para beneficio personal, o simplemente por placer. La impulsividad es un rasgo típico de esta persona, al igual que la incapacidad de planificar el futuro. Se muestra irritable y agresivo, por eso pelea y agrede físicamente. Es descuidado   en su seguridad personal y en la de los demás; de ahí que sea incapaz de mantener un trabajo o hacerse cargo de obligaciones económicas. No conoce el remordimiento. 

LÍMITE O BORDERLINE
Tiene un excesivo miedo al abandono, por eso hace todo lo que está a su alcance para evitarlo: el chantaje es su principal arma. Suele ver al mundo en blanco o negro y puede pasar de un extremo al otro en cuestión de segundos: para ellos, el otro es bueno o malo, lo quiere o lo odia; no posee término medio. Tiene una marcada alteración de la identidad y de la autoimagen; por lo general se ve a sí mismo de manera negativa. La impulsividad es un rasgo típico y es potencialmente dañina para él y los demás. Puede comprar por compulsión, ser promiscuo en su sexualidad, abusar de sustancias y tener atracones de comida. Amenaza e intenta quitarse la vida y llega a lastimarse a sí mismo. Se siente vacío y le cuesta controlar la ira.









Conductas conflictivas, Trastornados
Tienes que estar logueado para escribir un comentario.
Puedes registrarte si no tienes ya una cuenta creada.

Más notas

Galerías de sociales

Top 10

Ediciones anteriores

¿Proponenos el próximo Top 10?

Proponenos un tema para que generemos juntos el próximo Top 10.

HORÓSCOPO / Acuario

el signo invita a ascender al mundo ideal para regresar e intentar construirlo en la Tierra. Para ello, ...

Normas Generales de Participación

1) El País S.A. ofrece diversos ámbitos para ejercer la libertad de expresión y estimular el saludable hábito democrático del debate y la reflexión colectiva. Todos los usuarios registrados pueden participar en nuestros Comentarios, Foros, Blogs, Periodismo Ciudadano, etc., pero al hacerlo asumen responsabilidades que deben conocer y aceptar.
2) En beneficio de esas libertades que se procura promover, la Revista Paula de El País acogerá contenidos ofrecidos por los usuarios en el entendido de que quienes los remiten son responsables de ellos. Por tanto El País S.A. no es responsable por expresiones que le son ajenas y advierte que no necesariamente las comparte. Al ejercer el derecho de participar se nos exonera del compromiso de confidencialidad respecto a su identidad en caso de litigio, puesto que son los respectivos usuarios y no nosotros los responsables de sus actos. 
3) Sólo pueden participar en estos ámbitos los usuarios previamente registrados, que aceptaron nuestras normas de comportamiento.  
4) No todos los contenidos ofrecidos por los usuarios serán reproducidos; El País S.A. se reserva el derecho de escoger entre los contenidos que se le ofrezcan y de retirarlos sin dar razones
5) Ocasionalmente El País S.A. puede considerar que algún contenido (texto, fotos, videos, etc.) aportado por un usuario tiene interés suficiente para ser difundido en nuestras versiones digital e impresa, así como en sitios aliados o asociados en cuyo caso se hará referencia al autor respetando su nombre o su seudónimo. Al aceptar las presentes Normas de Participación, el usuario debe tener presente que está cediendo su derecho de uso sin costo y sin ninguna otra retribución
6) Quienes no compartan estas Normas de Participación no están autorizados a participar en la Revista Paula de El País

Normas de Comportamiento de La Revista Paula

Sin perjuicio de las advertencias formuladas en las Normas de Participación, los usuarios que opten por participar deben leer detenidamente las prohibiciones y recomendaciones que se describen.
1) No se atentará contra el derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen o nombre.
2) No se introducirán contenidos ofensivos o discriminatorios contra personas o grupos de ellas. Esta disposición se extiende a contenidos eventualmente considerados inmorales o pornográficos.
3) No se promoverá la violencia, el incumplimiento de normas vigentes, o el boicot contra personas, empresas o instituciones, incluyendo otros blogs.
4) No se introducirá información confidencial ni propia ni ajena y se respetarán estrictamente los derechos de autor de terceras personas, empresas o instituciones, incluyendo fotos, videos y marcas.
5) No se utilizará la Revista Paula de El País para prácticas comerciales o publicitarias.
6) Se velará por el respeto de las ideas ajenas, así como por el rigor y veracidad de los argumentos. Se contribuirá al respeto del  derecho a la libertad de expresión y de información.
7) Los usuarios tendrán la posibilidad y la obligación moral de "reportar abuso" en caso de contenidos que consideren afecta algunos de los valores que procuramos preservar por encima de las libertades que deseamos otorgar. Un contenido "denunciado" será instantáneamente descartado y enviado a nuestra Administración de Participación
8) Las decisiones de la Revista Paula de El País, incluyendo desde la supresión de un contenido hasta la expulsión de un usuario registrado, son inapelables.
9) Quienes no compartan estas Normas de Comportamiento, no están autorizados a participar en la Revista Paula de El País.