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Cosa de dos
Cosa de dos
La búsqueda del amor, la vida en pareja, la maternidad y el fantasma de la soledad son temas inherentes a las relaciones humanas. También son las razones que atrajeron al argentino Walter Ghedin a la sexología, pues considera que en esta ciencia confluyen líneas de pensamiento médicas, antropológicas, religiosas y clínicas, entre otras disciplinas. Impulsado entonces por cuestiones de índole sociológica y filosófica más que por un interés estricto en el comportamiento sexual, la mayoría de sus libros versan sobre el amor, en tanto sus análisis buscan desentrañar las innumerables variables que pautan los lazos de pareja. PAULA lo visitó en Buenos Aires. Esto fue lo que habló.

 –Fue invitado a disertar sobre amor, ansiedad y deseo en el mundo femenino por Women Empowerment Now, para su seminario en Maldonado ¿Es posible abarcar ese universo tan complejo en una charla?
 –El tema es muy vasto. Yo me concentro en cómo a lo largo de este último tiempo, asociado a la postmodernidad y a los cambios en las estructuras de género en lo que concierne al género femenino, el deseo aparece promovido por la ansiedad: la ansiedad de la conquista amorosa, de la independencia, de un cambio de amor cuando una relación ya no funciona, la ansiedad por ser madre dado el apuro del reloj biológico en mujeres cercanas a los cuarenta.Todo esto configura una alianza entre el deseo y la ansiedad. Los seres humanos, y las mujeres más específicamente, no saben si responden a un deseo honesto surgido de sus entrañas o a nuevas pautas sociales de tener que ser de determinada manera o de tener que poseer aquello demandado por el medio.
 –¿Somos tan vulnerables al mandato del momento?
 –Así es. Las mujeres han logrado mucho, sobre todo a lo largo del siglo XX, con los movimientos que se iniciaron con las primeras sufragistas que lucharon por conseguir una participación cívica, y luego con las corrientes feministas de las décadas de los sesenta y setenta, aunque existen antecedentes previos. Estos impulsos que tienden a la autonomía y a la liberación, a que la mujer salga del hogar y del cuidado de la prole para conseguir conquistas más individuales, han llevado a que los sistemas socioculturales la conviertan en un objeto pasible de consumo. –A pesar de sus logros la mujer es más objeto que nunca… –No solo las mujeres. Es un tema que compete a todos los seres humanos y está vinculado a cómo entramos en un sistema. Para defender nuestra libertad y nuestra congruencia interna hay que poner límites y ver qué es lo necesitamos realmente porque estamos muy condicionados por factores externos. Cuando uno no se da cuenta de eso, cree que actúa por convicción o por deseo, aunque en realidad está respondiendo a pautas externas de toda índole, como puede ser hasta la misma autonomía e independencia. Entonces la mujer tiene que ser independiente, tiene que lograr puestos de poder, tener pareja, hijos, cumplir su función de madre porque esto no lo puede dejar todavía. Pero ahora la socio-cultura le dice "ya recorriste un largo camino, tenés que dar la vuelta". Los medios de comunicación y el marketing usan esta independencia femenina para que se mantenga como objeto de consumo. Así como los medios muestran el cuerpo de la mujer, también exhiben las condiciones que esta no debe dejar de cumplir: la mujer en la casa, que hace la comida, que compra electrodomésticos y que hasta se constipa, porque parece que solo la mujer se constipa. En las propagandas vemos claramente estas dos imágenes: la que conquista y seduce, pero también la que tiene una casa y compromisos.

 –¿Qué es lo que quieren las mujeres?
 –Creo que se están alejando de sus deseos más honestos, de su mundo interno en post de responder a estas pautas; como decíamos, el cuerpo, la belleza, las cirugías, las conquistas, el touch and go. Más allá de que todo esto pueda ser placentero, la cuestión es si se trata de un deseo honesto, si se quiere hacer esto, o si son títeres que deben responder a estas exigencias.

 –¿Y los hombres?
 –Estamos en la misma situación, todavía defendiendo esos estandartes de la virilidad que son inamovibles. Así como las mujeres deben cumplir con ciertas condicionantes de género, los hombres tenemos que estar prestos con la fuerza viril, con la seguridad. Un hombre sin trabajo hoy es un hombre disminuido. El que tiene trabajo, que conquista, que tiene vigor, y que tiene erección, está cumpliendo con las reglas. Además, la industria farmacéutica aporta mucho: tenemos medicación para la eyaculación precoz, para la disfunción eréctil, y hay incluso energizantes para el deseo. Las mujeres no tienen todavía esos beneficios.

 –¿Cómo se relacionan los géneros en la actualidad?
 –Vivimos una etapa de transición en las relaciones amorosas. No sabemos hacia dónde vamos a parar: si volveremos a estructuras más conservadoras o si van a ser más libres. Es una etapa de desencuentros. Lo vemos en la calle, en la consulta. Es difícil relacionarse, comprometerse; es difícil sostener el amor. Existe un ideal que propone el amor espontáneo, sin realizar acciones, ni trabajo detrás. El amor sin acciones detrás no se sostiene. La tecnología también se metió en medio de las relaciones amorosas. El uso de las redes sociales y del chat, en vez de ayudar, generan problemas. Hay personas que se amparan detrás de la pantalla para no mostrarse cara a cara. Las mujeres recurren a métodos de fertilización asistida y brindan un nuevo panorama; hay quienes quieren tener hijos y si no tienen pareja, no importa, van a un banco de semen o se aventuran con alguien que apenas conocen. Entonces esto modifica el horizonte de las relaciones amorosas y de los deseos personales.


–Esta perspectiva tan amplia parece confundir mucho. ¿Dónde queda el compromiso?
 –Los hombres siguen escapando, lo vemos ahora más que antes. No hay una respuesta honesta del hombre de decir “esto no va”. Hoy hay mucho despliegue de seducción y promesas en relaciones que parece que van por buen camino y después se cortan de un momento para el otro. Esto deja a la mujer preguntándose qué pasó y motiva muchos auto-reproches porque se cuestionan "¿seré yo?, ¿qué dije?, ¿qué hice mal?", cuando en realidad, hay un comportamiento masculino huidizo. En la base de estas conductas creo que hay mucho de mantener intacta la virilidad, de decir "yo me pruebo, me doy cuenta que puedo conquistar, me desafío". No quiere decir que sea voluntario o consciente, pero está en la base de este accionar, sobre todo de quienes superan los 35 o 40 años y se les dificulta mantener o asumir nuevos compromisos.


–¿Estas son las famosas relaciones líquidas?
 –Relaciones líquidas con poca sustancia, pero que, sin embargo, despiertan la ilusión permanente. Aunque el criterio de realidad esté, y en algún momento la cosa haga ruido, se apuesta a dejarse llevar por la ilusión y después la decepción es mayor. Se construyen creencias imaginarias muy amparadas hasta por la historia: la imagen del príncipe azul, el amor idílico y romántico, cuando el amor de esta postmodernidad no tiene nada de idílico y de romántico.



–Cuando se habla de sexo siempre sale a colación el amor. Sin embargo, se trata de cosas diferentes…
 –Son cosas diferentes pero tienen que ver con el deseo. Hasta el touch and go tiene una partecita que desea que la cosa funcione. No solo es un contacto sexual. Es la búsqueda del príncipe azul disfrazada. Siempre se juega con la ilusión de encontrar esa pareja aunque se trate de un encuentro furtivo. Para las mujeres sobre todo, que siguen siendo más conservadoras; el mundo emocional y afectivo sigue siendo su prioridad. En los hombres prima más un criterio de realidad, es algo más concreto.


–¿Por qué, en un mundo tan erotizado como el actual, un porcentaje tan alto de la población sufre de anorexia sexual?
 –Este es un comportamiento que Freud llamaría histérico. Hoy podría tener otro nombre: histriónico, quizás. Si uno se exhibe es porque hay una mirada que gusta de lo que se exhibe. Esta sociedad exhibe como parte del consumo. Nos ponemos en una vidriera y decimos "aquí estamos, disponibles o desesperados, pero estamos con cuerpo y alma". Hablando de lo sexual, hay un cuerpo que se muestra mucho y no está en contacto con el verdadero registro del mundo erótico. Lo erótico pasa hoy más por el uso de lencería y seducción vía cuerpo, que por un contenido profundo. En la vida sexual se necesita el contenido profundo y del registro de lo que voy sintiendo. Si estoy tan para afuera con tal de complacer al otro, me pierdo una parte, que soy yo mismo. El mundo sexual tiene dos caminos en el momento del acto sexual, debo estar con el otro pero también conmigo mismo. De otra manera, hay desequilibrio. Si estoy mucho con el otro, tratando de complacer al otro, me olvido de mí y no registro lo que me pasa, entonces pueden aparecen las disfunciones, como falta de orgasmo o eyaculación precoz. Por el contrario, cuando estoy muy centrado en mí, se convierte en un comportamiento muy egoísta, de dominación y el otro va a reclamar porque lo percibe. Uno solo determina cómo debe ser el acto sexual y el otro queda excluido. Cuando confluyen estos dos caminos, se logra un buen encuentro.


–¿Se evoluciona en materia sexual?
 –Sí. En la medida en que vamos rompiendo con parámetros o creencias de lo que debe ser el comportamiento sexual. Hay un concepto muy generalizado: "Yo tengo sexo normalmente, como lo hace la mayoría". En la consulta preguntamos cómo es la vida sexual de la pareja y nos contestan "normal". Cuando uno se aleja de esas palabras, de lo normal y esquemático, se rompen tabúes y es posible entregarse a un mundo que es necesario enriquecer. El sexo no está desligado de la vida; si enriquecemos la vida, se enriquece el sexo; la percepción aumenta, se accede a un pensamiento y a un mundo emocional más abierto porque no nos atenemos a patrones rígidos de comportamiento.


–¿La vida en pareja es más gratificante que la soltería?
 –Creo que sí. Yo sigo apostando a la vida en pareja. Existe una moda ahora. No es más "estoy solo", sino "soy solo", como una forma de vivir. Por un tiempo es interesante, pero somos seres gregarios desde la naturaleza humana. La vida en pareja enriquece pero necesita de un trabajo: hay que tener en cuenta al otro, respetar su individualidad y que el otro respete la nuestra también. Hoy, en esta sociedad, cada uno tiene sus ocupaciones, su vida social y sus amigos; es importante respetar todo esto.


–Pero el tiempo es cada vez más escaso…
 –Siempre hay tiempo porque el sexo no es solo la cama. Es una mirada, una insinuación, una sorpresa, un café, una cena, una llamada. Todo eso hace a la vida sexual. No es solo el encuentro erótico, que es una parte fundamental, pero no es solo eso; necesitamos todo lo anterior.


–¿Por qué tendemos a reducirlo entonces?
 –La gente tiende a reducirlo al ámbito de la cama y digo cama como espacio simbólico. Olvidan que el sexo necesita de un montón de conductas que son periféricas pero no por eso se les debe quitar valor. Esto es lo que intentamos incrementar en las terapias sexológicas: dejar de lado el objetivo erótico sexual para poner atención en todo el placer. Esto es mirar los deseos propios y los del otro para generar multiplicidad de acciones que no tienen que ver con una gran acción o algo costoso. No quiere decir que nos tengamos que ir a Europa para reencontrarnos con la pareja; puede darse en la esquina con un café.


–¿Cambió la mirada de la sexología?
 –Se apuesta a revalorizar el entorno más que la disfunción o el problema sexual en sí mismo. Eso lo tomamos como material de trabajo, pero hacemos hincapié en todo lo que rodea al acto sexual y a las personalidades que están implicadas en esto; en cómo los rasgos de personalidad pueden influir en la disposición para estar con el otro y luego en la cama.


–¿Cuáles son las consultas más frecuentes que recibe?
 –El deseo sexual hipo-activo es un tema muy importante y una consulta frecuente en este momento. Las parejas que tienen buen deseo al principio y después lo van perdiendo, no saben cómo recuperarlo y hasta se producen acuerdos porque están bien en otras áreas. Entonces dicen "nos llevamos perfecto pero no tenemos sexo. Bueno, en algún momento lo vamos a solucionar", y lo aplazan. Este tema habla de un olvido del otro, de creer que el sexo aparece de forma espontánea, como una llamita que se prende, sin tener en cuenta que se deben realizar acciones, que "estamos juntos y podemos trabajar juntos". Hoy la intimidad se ve muy vulnerada también por personas externas a la pareja que pueden actuar. Hay familias muy cohesivas; todos saben de todos y opinan. La vida sexual no queda en la intimidad, es compartida con familiares y amigos y muchos se arrogan el derecho a opinar. La tecnología también se metió en el medio de la cama. Hay tantos elementos en el medio que ya no es más un asunto de dos.


–¿Hay vuelta atrás?
 –Sí. Siempre que exista la voluntad de hacerlo. En esto de la inhibición del deseo, hay hasta un movimiento de personas asexuadas en Estados Unidos. Son personas que no tienen deseos sexuales, o no se sienten atraídos por otro para un encuentro sexual aunque pueden tener comportamientos auto-eróticos. Su movimiento se está extendiendo por el mundo. No sé si esto será una moda, pero lo que vemos en la calle es que las personas sufren por la disminución del deseo sexual. Otro tema que vemos en aumento son las fobias. Se les llama trastorno por aversión al sexo; tiene un componente de disminución del deseo sexual junto con miedo y conductas evitativas. La persona teme ser avergonzada, humillada por el otro. Teme no estar a la altura de complacer al otro. Está pensando en la mirada evaluadora de su partenaire y entonces evita el contacto. Si lo anticipa comienza a tener síntomas como ruborizarse, temblar, tartamudear. Se da más en mujeres pero vemos un aumento en hombres jóvenes. Son cuadros asociados al deseo, más que disfunciones eréctiles o de eyaculación precoz. Con el deseo se origina todo. Si no hay deseo, no se puede avanzar.


–¿Esto explicaría el uso abusivo de Viagra en los más jóvenes?
 –Esto es parte de lo mismo; es parte del temor que se ha instalado en los jóvenes. Se sienten abrumados. Esto de cómo sentirse seguros, cómo sentir que pueden conquistar y cómo tener confianza en sí mismos. En desmedro de todo esto, ¿qué mejor que usar un fármaco que asegure la erección? Si no, el miedo puede inhibirlos y jugarles una mala pasada.


–Sin embargo, vivimos en un mundo más libre en lo que respecta al sexo… –Sí, pero la gente está cada vez más conflictuada porque la respuesta no está ahí. Está en uno mismo. No está en usar toda una gama de juguetes sexuales o ver películas, que pueden ayudar y servir de estímulo. Pero ese estímulo debe conectarnos con nosotros mismos; no debe ser solamente un objeto que se mete en medio de la relación para aumentar el placer. Ese placer debe ser sentido y capitalizado, y esa apertura hacia el mundo propio, es necesaria. Pero sucede en el sexo como en todas las cosas. Se le da valor a lo externo, y no se piensa que el valor está en uno mismo. Ese es el gran tema.


–¿Hay recetas?
 –Hay. Nosotros los sexólogos las usamos mucho porque las recetas son prescripciones que ayudan a las personas a superar más rápidamente los síntomas y a pensar lo que les sucede. Algunos consejos son terapéuticos; las terapias sexuales son cognitivo− conductuales por lo que son directivas. Por ejemplo, a una pareja le decimos que por quince días se olvide de la penetración y trabaje con el juego previo. Ahí les damos una prescripción, un consejo que elimina un factor que provoca ansiedad y tratamos de que se focalicen en el contacto corporal y en todo lo que pueden hacer para brindarse placer mutuamente. En el ámbito de la pareja hay consejos. Por ejemplo, que respeten la intimidad y mantengan ese acuerdo entre los dos, porque el vínculo se construye de a dos y es lo que hay que preservar, entonces se les propone dejar las influencias externas de lado. También se aconseja hablar durante el día, preguntarse cómo le va a cada uno y no venir con demandas, tales como "por qué no me llamaste o no me respondiste el mensajito". Estas cosas en el día a día entorpecen las relaciones y tienen que ver con la ansiedad. Las demandas de hoy hablan de poseer al otro cuando la cotidianeidad debe acompañarse de actos que impliquen conexión sin demandas y ansiedades de por medio. Es bueno recibir llamados, pero es bueno respetar el tiempo del otro. Si la cotidianidad está cargada de estados de alerta, es malo, como también lo es dejarnos llevar por personas externas que se meten en nuestra vida y opinan. Hay que preservar esos espacios de la pareja, sobre todo porque los otros tienden a dar una respuesta desde su visión y, aunque nos parezca que resuelven mejor las cosas, no es así necesariamente.
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