A sus 73 años el sacerdote Fernando Montes Matte acaba de llegar de África, donde visitó a su colega Felipe Berríos, y ya retomó su intenso ritmo pastoral gracias a esa voluntad férrea, adquirida en la compañía de Jesús, que le permite ejercer la rectoría de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, organizar un retiro a sus hermanos de México, hacer rezar a los obispos de Perú y dedicar un fin de semana a los seminaristas de Rancagua para rogarles que “se arrepientan a tiempo, si no son capaces de asumir la vocación”. −Y, en su caso, ¿por qué se hizo sacerdote? –Eso pregúnteselo a Dios. Sentí muy claro el llamado desde niño y no me he arrepentido jamás. Aunque prefiere definirse como una persona de “una mediocridad bien aprovechada”, Montes es uno de los intelectuales jesuitas más destacados del país, con fama de no tener pelos en la lengua cuando su conciencia lo lleva a disentir de la jerarquía eclesiástica o de lo políticamente correcto. Para eso se preparó casi 20 años. Obtuvo el título de profesor de Estado en la Universidad Católica de Valparaíso, luego se licenció en Filosofía en Argentina y posteriormente en Teología y Sociología en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica. También ha sido docente universitario, director de la revista Mensaje, rector del Colegio San Ignacio y comentarista religioso en Canal 13, hasta que la administración Luksic le redujo el tiempo de sus reflexiones y se despidió en cámara de los televidentes, disparando contra los realities y la banalización de la TV.
A principios de la década del 70', de vuelta en Chile tras sus estudios en Europa, se dedicó a la formación de jesuitas jóvenes. Vivió en sectores populares, donde oficiaba de padre superior, guitarrista y gran cocinero. Hoy vive con otros miembros de su congregación, en una casa junto a la universidad que dirige en pleno centro de Santiago, orgulloso de tutelar una de las dos universidades más inclusivas del país, pero preocupado por que la educación superior sea de calidad y “no se ponga de rodillas ante el mercado”
Educar sin discriminar –Usted ha planteado como un deber de la universidad ampliar el debate ético sobre el tipo de país que queremos.
–Yo he sido muy crítico del sistema de educación superior porque ha aceptado pasivamente una lógica centrada en lo económico. Me impresionó, en una reunión de rectores, escuchar a un experto inglés que llegó a decir que la investigación universitaria debiera depender del Ministerio de Economía más que del de Educación. La universidad tiene como una de sus funciones ayudar al desarrollo económico, pero me parece que hoy las universidades están muy centradas en su propio financiamiento y en su relación con la empresa y descuidan el diálogo con la vida política y cultural. El problema del financiamiento es muy importante y la gratuidad un ideal que debería desde ya darse a los que son más desfavorecidos, sin embargo, eso no debe hacernos olvidar el alma de la universidad, que es ser el espacio de diálogo sobre el tipo de –Pero es un plus que para la mayoría implica un tremendo endeudamiento, porque si usted vende maní y debe millones, tiene que vender mucho maní para pagar su deuda. –Claro, pero para que haya auténtica movilidad social se tiene que dar una buena formación, de manera que exista competitividad en igualdad de condiciones y, además, hay que impedir que se destruya la familia por problemas económicos. El drama es que el crédito por lo general cubre solo una parte del arancel de las carreras. –¿en qué demandas debería profundizar y qué errores no debería cometer el movimiento estudiantil durante 2012? –Más que defender a ultranza una educación estatal, que a pesar de sus méritos también tiene defectos, deberíamos luchar con firmeza por un sistema más integrado y seriamente regulado. En cuanto a los errores, deberían evitarse paros prolongados y destrucción de instalaciones, porque eso afecta la calidad de la misma educación. Todos los que pertenecemos al mundo universitario debemos contribuir unidos en la propuesta de soluciones justas y no solo manifestarnos en las calles. Además, la calidad depende también de los estudiantes, no solo de las instituciones. El movimiento estudiantil debe proponer a sus propios miembros un esfuerzo más serio en disciplina y trabajo, para mejorar la calidad del conjunto. Una causa por la cual morir –De los 10 mandamientos, ¿cuál le parece el más importante? –Jesucristo resume los 10 mandamientos en dos: “Ama a Dios con todo tu corazón y ama al prójimo como a ti mismo”, aunque al final Jesús cambia su propia doctrina y habla de un solo mandamiento: “Ámense unos a otros como yo los he amado”, es decir, hasta morir por los otros. –¿Y podremos llegar a practicar ese mandamiento? –Aunque sea difícil, tenemos que luchar por eso. Debemos insistir en la solidaridad antes que proponer la competitividad individualista y sin cuartel en todos los niveles. –¿cuál sería, a su juicio, el principal pecado que estamos cometiendo como sociedad? –El implacable clasismo, la marginación y la injusticia con los más pobres. –en una charla a un grupo de ejecutivos cristianos, señaló que “no vale la pena vivir sin una causa por la cual morir”. ¿Qué les quiso decir exactamente? –Que hemos descuidado ciertos ideales. El ser humano necesita darle un sentido a su vida. La existencia humana es muy compleja, hay llanto, hay dolores y es muy importante que uno pueda procesar eso para que no terminemos engatusados con un auto cuatro por cuatro. Uno de los problemas de hoy es que existen valores, pero se perdió su fundamentación, en otras palabras, los ideales y los verdaderos valores que dan sentido a la vida son muy débiles. En la Iglesia, por ejemplo, uno como cura puede proponer valores, pero van a ser pura cáscara hueca y prohibición no fundamentada si se pierde el foco del evangelio. –¿Pero usted cree que la iglesia esté teniendo un diálogo franco y abierto con la sociedad? –La Iglesia debe tener el coraje de decir lo que piensa y la humildad de aprender de la evolución de la historia humana. Hay un concepto de la teología tradicional, el sensus fidelium, que significa la opinión profunda del pueblo de Dios. Por ejemplo, sobre matrimonio, probablemente un hombre casado tiene mucho que enseñarme a mí que no tengo matrimonio y yo debo cuidarme de no pontificar. La Iglesia, para ser fiel a su mensaje, debe escuchar de manera mucho más honda, sociedad y de hombre que queremos.
–siempre se repite que la educación es un factor de movilidad social, pero hay universidades que no garantizan esa movilidad, en parte, porque hay carreras que no tienen empleo.
–En teoría, la educación contribuye a la movilidad, pero hay casos en que es un factor de segregación. Lo esencial es que quien tenga las capacidades pueda educarse bien sin ser discriminado ni por su cuna, ni por su dinero ni por su apellido. Por eso me duele mucho que haya universidades de poca calidad para educar a los más pobres o que, por su sola ubicación física, impidan el acceso de todos. Nosotros nos hemos colocado a la salida del metro para resguardar el acceso universal de estudiantes de todos los sectores sociales y que exista un genuino pluralismo, aunque tengamos que decir que el campus deportivo de la Universidad Alberto Hurtado consiste en una mesa de ping-pong y un taca-taca. En cuanto a las carreras, el ideal es que tengan empleabilidad pero, de todas maneras, si un muchacho va a una buena universidad, aunque después venda maní, tendrá un plus importante como persona.
porque tengo la impresión de que esa opinión profunda del pueblo de Dios no está siendo suficientemente escuchada. –Pero,ademásde esta sordera,está la crisis de credibilidad por la actuación de sacerdotes como Karadima, por ejemplo… –En el triste y sonado caso de Karadima, más que el abuso sexual, lo delicado tiene que ver con el control de las conciencias, porque es muy peligroso convertir el sacerdocio, que debiera ser un gran servicio a la comunidad, en un poder. –Se suelen vincular los abusos sexuales que se producen dentro de la Iglesia con el celibato de los sacerdotes… –No quisiera aminorar nuestras culpabilidades, pero no hay que olvidar que la mayoría de los abusos se producen en el seno de las familias, es decir con gente que no es célibe. Pero obviamente que es peligroso el celibato si no es asumido con plena libertad y mucha madurez. –¿Qué opina sobre la posibilidad de ordenar mujeres sacerdotes, que es uno de los cambios propuestos por un movimiento rebelde encabezado por 400 sacerdotes de Austria y que se ha expandido a otros países de Europa? –El celibato es algo disciplinario y la Iglesia sabe que podría cambiarlo. En el caso de la ordenación de la mujer es mucho más complejo. Es cierto que la cultura nos lleva hoy día a revalorizar a la mujer, e impedir toda discriminación en su contra. Jesús tuvo una particular libertad ante la mujer, es cuestión de recordar su relación con María Magdalena, pero curiosamente eligió doce hombres como apóstoles y a ninguna mujer, teniendo discípulas que lo acompañaban. En este tema la Iglesia tiene que ser muy cuidadosa, porque debe confrontar esa necesidad de no discriminar con una tradición que se ancla en Jesucristo. Las jerarquías de Jesús –Al ver los resultados de la última encuesta, ¿por qué cree que los chilenos están teniendo una adhesión tan baja al gobierno y al principal conglomerado de oposición? –Por desgracia la política ha sido devaluada sistemáticamente en los últimos 40 años. Y los políticos aparecen muchas veces más preocupados por su interés personal, por sus partidos y coaliciones, que por el bien común. También por desgracia, los ciudadanos alentados en parte por los medios, y movidos por un individualismo cultural, estamos defendiendo los propios intereses sin visión de largo plazo y del bien común. No hay política que resista esta tendencia. –Hay un sector de la élite chilena que invoca mucho la imagen del padre Hurtado, ¿pero se hace cargo de su discurso social más radical? –El padre Hurtado (patrono de los trabajadores que fue canonizado en 2005) fundó el Hogar de Cristo, una obra notable que silenció otras facetas de su existencia. Al final de su vida dijo “la caridad comienza donde termina la justicia” y se dedicó a apoyar a los sindicatos de trabajadores. Mucha gente acepta al padre Hurtado del Hogar de Cristo, pero rechaza al de los sindicatos y la lucha por la justicia. –Cuando el obispo Goic planteó un sueldo mínimo ético, usted señaló que también debería existir un sueldo máximo ético en Chile.
–Hace unos años un tenista pidió millones para hacer una demostración deportiva de una hora y media. En ese tiempo un trabajador con sueldo mínimo necesitaba 40 años para ganar ese dinero. Eso es agresivo. Por amistad cívica, para poder mirarnos a los ojos unos a otros, eso no puede continuar. Estoy llegando de Burundi, país con un producto bruto de 160 dólares per cápita, 100 veces menos que Chile. Una sociedad donde no hay ni un solo perro porque no hay con qué alimentarlos. Me golpea hasta lo más profundo la iniquidad que existe en el mundo.
–¿Y no le dieron ganas de quedarse en África ayudando a superar esos dramas? –Yo sería una molestia en África, no tengo ni la edad ni la energía para eso.
–Volvamos al país, entonces. ¿Cree que la reforma tributaria enviada por el gobierno al parlamento contribuye a reducir la iniquidad?
–No parece que sea esa la intención primera de la reforma tributaria, sobre todo si se mira desde los más pobres del país. Se habla eufemísticamente de la clase media, pero los pobres son los grandes contribuyentes a través del IVA, y eso no se cambia.
–¿Qué piensa de aquellos sectores pudientes del país que no están dispuestos a ceder parte de sus privilegios? ¿Es cristiano eso?
–Sin agresividad se lo preguntaría a ellos. Quisiera que los ricos, que como dijo alguien “tienen la sartén por el mango y el mango también”, me contaran cómo se conjuga eso en su conciencia. Me duele cuando me dicen: “Padre, hablemos de los valores” y quieren limitar esos valores a la vida sexual y familiar. Creo que si no se puede llamar valor a la justicia social, ¿dónde estamos? El evangelio prácticamente no habla de moral sexual, pero sí del respeto a la persona, del respeto al pobre. Claro que a la hora del evangelio parece que todos tenemos una posibilidad de conversión y por eso yo nunca he querido excluir a nadie ni de mi amistad ni de mi palabra.