Los días de calor, los habitantes de Tacuarembó agradecen el privilegio de tener, a siete kilómetros de la ciudad, un remanso con nombre guaraní, cuyo significado en español se traduce en algo así como aguas hermosas. Con dos lagos artificiales de gran tamaño, un paisaje arbolado y una prolija infraestructura, Iporá es ciertamente un oasis que sorprende más allá que al turista local.
Para mirarte mejor
Sobre uno de los cerros se ofrece una piscina de generosas proporciones junto a un parador panorámico que brinda la mejor vista del pueblo. Dos kilómetros más adelante se puede visitar el vivero municipal y un segundo lago artificial de 36 hectáreas. Los lugareños recomiendan recorrer la zona en bicicleta y así ser testigos de lo que la mano del hombre es capaz de hacer a favor de la naturaleza.
Aguas jóvenes
Situado entre dos cerros y a poca distancia del arroyo Sandú chico, el Lago de la Juventud atrapa las miradas. Se trata de un espejo de ocho hectáreas, cuyas aguas claras se tutean con orillas de piedra y bosques de pinos o eucaliptus. Las mismas son aptas tanto para el baño como la pesca. Los que llegan por el día, cuentan con un lugar de sombra para hacer un pic-nic; los que quieren más, disponen de zonas de camping y cabañas.
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* Iporá se gestó entre las décadas del 50 y 70 como un emprendimiento privado que terminó en manos de la intendencia del departamento.
* El valor de la entrada para hacer uso de la piscina es de 40 pesos uruguayos.
* Los lagos tienen una profundidad de 17 metros en la parte más honda.