Una peluca color pajizo, emblemas del Pop Art como las series de latas de sopa, de accidentes o de actores, un laconismo persistente, la frase acerca de que todos deberíamos tener nuestros quince minutos de fama. Tales son algunos de los rasgos que evocan a Andy Warhol, de cuya muerte ya han pasado 25 años. Claro que esos son simples chispazos de su existencia. Una existencia en la que según Klaus Honnet se materializó el sueño americano de una carrera siguiendo el arquetipo “desde lavaplatos a millonario, si bien –naturalmente– nunca fue lavaplatos”.
No se sabe con certeza cuándo nació. Era hijo de inmigrantes checoslovacos, su verdadero nombre era Andrew Warhola, pero él mismo dijo que su partida de nacimiento de 1930 era una falsificación. Sus biógrafos afirman que el nacimiento tuvo que ser entre 1928 y 1931, seguramente en Forest City, Pennsylvania. De su muerte no cabe duda: fue el 22 de febrero de 1987 como consecuencia de una operación de vesícula biliar.
El Arte Pop, lenguaje plástico nacido en la post Segunda Guerra Mundial en Inglaterra, se convirtió en expresión de la sociedad consumista de Estados Unidos. Tomó como fuente los productos de consumo masivo ofrecidos en supermercados y grandes tiendas, y la publicidad en los medios de comunicación, criticando la influencia de los mismos en la sociedad, a partir de los años 60’. En este marco, Warhol, entre otras cosas, eligió fotografías de personajes mediáticos y realizó serigrafías a partir de ellas. Marilyn Monroe se presenta como estrella y como víctima.
La huella dejada por Andy fue profunda y transitó pesadamente por este último cuarto de siglo. En estas latitudes, no le fue indiferente al MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). Luego de la exposición que se realizó allí bajo el rótulo Andy Warhol Mr. America, el MALBA retomó el asunto y hasta el mes pasado exhibió en sus salas una respuesta: la muestra titulada Bye Bye American Pie. Allí, siete artistas norteamericanos expusieron 110 obras relacionadas con el cuestionamiento de la sociedad norteamericana. Los artistas convocados fueron Jean Michel Basquiat, Barbara Kruger, Larry Clark, Jenny Holzer, Nan Goldin, Cady Noland y Paul McCarthy.
Philip Larratt-Smith, curador de la exhibición, usualmente se aplica a la deconstrucción de mitos de Hollywood. Él concibe el espacio museístico como centro de ideas, de cruce de identidades, de significados. La actitud de esta exposición fue muy rockera. No pretendió ser académica sino una secuela de la visión de Andy Warhol. El gusto de Nan Goldin de fotografiar a sus amigos y las serigrafías de Cady Holzer son actitudes warholianas.
Barbara Kruger, nacida en Norteamérica en 1945, es una artista diseñadora conceptual que estudió en la Syracuse School of Visual Arts y que en 1976 decidió dedicarse al arte y la poesía. Trabajó en California como diseñadora gráfica, directora artística y editora de publicaciones. Su obra se basa en interpretar fotografías ya existentes combinadas con textos concisos e incisivos de la publicidad, subvirtiendo los valores de la sociedad de consumo.
Con Our prices are insane (Nuestros precios son de locura) alude a la compra compulsiva a partir de rebajas drásticas. La foto de fondo refería a un ser desorbitado y con sangre que chorreaba sobre la mejilla. Kruger se enfrenta así a los medios de comunicación a través del uso de los mismos y transmite sus mensajes tomando como base la cultura Pop. Expone habitualmente en espacios públicos como parques y estaciones de trenes, relacionando la vida cotidiana con la violencia. Define la fotografía como difusora de imágenes, mercancía cultural y hobby globalizador.
Jean Michel Basquiat, nacido en Brooklyn en 1960, falleció en 1988. Era admirador de Andy Warhol y del movimiento Pop. Se relacionó con ellos desde el ángulo afro, como minoría contestataria, reflejando en su obra rebeldía frente a la sociedad que lo rechazaba y que, sin embargo, en parte compraba esa misma obra. Basquiat condujo el arte de los graffiti a un lugar preponderante considerando la obra de arte como un continuo lleno de signos y palabras que expresan la condición humana. Quiebra el concepto de espacio y figura, colocando en un mismo plano palabras, signos y formas. Composición dinámica que a manera de un diario de vida maneja un lenguaje expresionista que refleja angustia vital que sin embargo tiene un rasgo de esperanza.
Cady Noland, escultora conceptual nacida en Washington en 1956, es hija del artista Kenneth Noland. Presentó en el MALBA una instalación, Chicken Awning Frame, compuesta por una estructura de aluminio de la que colgaba un ave muerta. Es una obra de 1990 inspirada en la presuntamente falsa promesa del American Dream. Contra la pared, apoyada, la silueta de un cowboy estilo spaghetti western sostenía una cadena.
Jenny Holzer, artista conceptual, nació en 1950 en Ohio. Vive y trabaja en Nueva York. En 1977 comenzó a tomar textos como base de sus obras que suelen escenificarse en el paisaje urbano y en espacios públicos. Incluye diversos medios de expresión como edificios, letreros, luces, vallas y camisetas. Ella cuestiona el orden visual de la modernidad a través de una cartografía de significados de la vida contemporánea. La obra que presentó era un alegato contra la guerra de Irak.
Paul McCarthy se inspira en los parques de diversiones en decadencia, partiendo de la admiración por Walt Disney. Presentó un tren en movimiento, transportando imágenes de cerdos copulando con los presidentes Bush, al tiempo que se oían chillidos que pretendían simbolizar la declinación de valores del sistema americano.
¿Qué diría Andy Warhol si viviera en nuestro tiempo? Probablemente le habría divertido el camino tomado por estos presuntos seguidores de su arte. Vale la pena seguirles la pista porque ellos a su vez tendrán otros continuadores. En realidad hay más de un camino. Hay una verdadera ruta de deconstrucción que algunos consideran que arranca ya en tiempos de Goya. Hoy sigue su rumbo aplaudida en muchos casos por los que Oscar Wilde habría descrito como arquetipos del cinismo. Ese cinismo que genera seres que conocen el precio de todo y el valor de nada. Hay que prestar atención a lo que expresa Mario Vargas Llosa: “en la civilización del espectáculo, el intelectual solo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón.
Fotos: Gentileza MalBa.