El reloj marcó las 17:15 horas. El teléfono sonó. Del otro lado de la línea, sentado en su despacho en San Petesburgo, Rusia, el actual director del ballet del Teatro Mijáilovski, Ignacio“Nacho" Duato, comenzó a soñar con una alianza para futuras colaboraciones con Uruguay. Días después, el coreógrafo uruguayo, Martín Intahamoussu, preparaba en Alemania la presentación de una de sus obras, cuando un correo electrónico llegó a su casilla personal. Conocer qué significa para él formar parte de una gala de ballet junto a dos figuras referentes de la danza, como Duato y Antony Tudor, fue el asunto que encabezó el mensaje. ¿Por qué Tudor, Duato e Inthamoussu forman parte de un mismo espectáculo? ¿Qué tienen en común los tres coreógrafos? “Nada. Son tres grandes”, respondió Julio Bocca, al explicar el motivo que lollevó a unir esta tríada en la III Gala del Ballet Nacional del Sodre.
El espectáculo Tudor - Duato - Inthamoussu, que está en cartel en el Auditorio Adela Reta del Sodre hasta el 15 de este mes, es la nueva apuesta artística del maestro argentino. Una gala en la que “el público se siente tan invadido por el cálido espíritu de las obras que la componen que no puede evitar retirarse con una gran sonrisa”, comentó el director, para quien el hilo conductor de toda la obra es claro. Antony Tudor es el coreógrafo de la musicalidad; el elegido para abrir la gala con The leaves are fading. Acto seguido el más clásico de los ballet coreografiado por Duato, Without words, trae a escena la ductilidad. El puente entre el neoclásico y el ballet contemporáneo es Tres Hologramas, creado por Inthamoussu con música de Jorge Drexler. “Son tres estilos diferentes, que juntos dan un magnífico resultado", resumió Bocca. Pero, ¿qué piensan de esto los demás protagonistas?
DE SAN PETERSBURGO A MONTEVIDEO
–¿Qué le significa el estreno de Without Words en Uruguay? Nacho Duato –Esta obra la creé para el American Ballet Theatre y la condición era coproducirla con tres ballets más: Boston, San Francisco y Houston. Luego la llevé a mi compañía y ahora la bailamos aquí en el Teatro Mijáilovski. Es un ballet que le va bien a un tipo de compañía con base clásica como la que dirige Julio Bocca. De modo que él ha tenido muy buen ojo al escogerlo. Años atrás tuve ocasión de conocerle, precisamente cuando trabajó en el American Ballet Theatre. Es un bailarín fantástico. Nos hemos visto también algunas veces en España. Me hace mucha ilusión que su compañía baile esta obra.
–En alguna ocasión opinó que los mejores bailarines que interpretan sus obras son aquellos con los que ha trabajado. ¿sigue creyendo en eso?
–Sí, como es normal. Los bailarines de la Compañía Nacional de Danza de España, en la que estuve 20 años, son bailarines acostumbrados a mi vocabulario, a mi forma de ser. Saben lo que quiero y son los que mejor pueden interpretar mis coreografías. Sin embargo, cuando monto ese mismo ballet en otros sitios, me gusta mucho, porque otros bailarines siempre dan otro toque a la coreografía. La interpretan de otra manera y te hacen conocer otros públicos, otras ciudades. Algo que siempre es enriquecedor.
–¿Por qué se siente más cómodo como coreógrafo que como maestro?
–Eso lo he sabido toda mi vida: soy un desastre dando clases. No podría dar clases de ballet, por eso no soy maestro. Pero me gusta mucho trabajar con los bailarines, enseñarles a moverse, sacar cosas de ellos. Que sientan la música, que comprendan el movimiento, apoyarles cuando salen al escenario.–eso también es docencia.
–No. No tengo paciencia como maestro. Como coreógrafo sí, me gusta que los bailarines colaboren conmigo; no hacer solamente las coreografías para ellos, sino que ellos pongan de su parte y así hacer que el ballet se enriquezca conjuntamente. Ellos aprenden de mí y yo de ellos.
–¿De qué trata Without Words?
–El ballet se llama Sin Palabras, por lo que resulta muy absurdo hablar de él, luego de ese título. Pero si debiera explicar algo sería por la música. Tú escuchas la melodía y te puedes imaginar lo que quieras. Es una obra acerca del amor y el desamor. Es muy romántica, pero le he despojado todo lo superficial que puede tener el romanticismo. Los bailarines están desnudos prácticamente, me apoyo con diapositivas de partes de sus cuerpos, las que al mismo tiempo se suman a la coreografía. Y aunque se trata de un ballet muy minimalista, el fondo y la sensación global es muy romántica.
–Sus obras se estrenaron en grandes teatros del mundo, al que se suman ahora los de Uruguay ¿Qué siente con esto?
–Me encanta Uruguay. Estuve en 2009 con la Compañía Nacional deDanza y lo pasé fenomenal. Ahora se baila uno de mis ballets y me gustaría mucho que éste fuese el principio de una colaboración. No me gusta nada ir a un sitio a hacer un ballet y luego decir adiós. Normalmente, con las compañías que trabajan conmigo tratamos de tener una continuidad, porque así los bailarines van conociendo mi trabajo y cada vez lo van bailando mejor. El público también lo va conociendo y puede ver la trayectoria. Ojalá esto suceda con Julio.
–¿Se lo planteó?
–No. Vamos a ver qué pasa con el estreno, que creo irá muy bien. A partir de allí, hablaremos.
–Actualmente dirige una nueva compañía en Rusia luego de 20 años al frente de un mismo equipo en su país. ¿Cómo sobrelleva un cambio tan grande?
–Estoy aquí hace un año y seis meses. Me siento muy bien. Me gusta estar en un sitio totalmente distinto a lo que estoy acostumbrado. Otro idioma, otra cultura, otra forma de vivir. Por un lado es difícil, pero por otro es muy enriquecedor personal y artísticamente, porque tengo que poner mi cabeza desde otra perspectiva, de otra forma. Estaba acostumbrado a trabajar en Madrid, con gente de distintas nacionalidades. De repente en San Petesburgo, todos los bailarines son rusos, tienen una mentalidad mucho más tradicional, son más estrictos, bailan clásico. Por tanto cambiarles la forma de pensar y hacer es muy interesante y bonito. Es duro, pero a mí me gusta.
COREOGRAFÍA TRIDIMENSIONAL
–¿Qué significa cerrar una gala junto a Tudor y Duato?
Martín Inthamoussu –Quizás sea un lugar común pero es un verdadero honor y además una gran responsabilidad. Estoy muy agradecido por toda la confianza que me ha dado Julio Bocca desde el comienzo de nuestro trabajo en 2011. Nacho Duato y Antony Tudor son referentes de la danza mundial y Julio ha creído en mi trabajo para estar a la altura. Y yo he aceptado ese desafío con él, con el público, con la institución del Sodre y con mi país.
–¿Cómo nació el ballet Tres Hologramas?
–La idea original viene de Jorge Drexler que dio un puntapié inicial con respecto a la historia que quería contar a través de la música. Yo tomé ese punto de partida: la memoria y el olvido. ¿Por qué olvidamos lo que olvidamos? ¿Qué cosas no se nos olvidan? Entonces el público ve el viaje de una persona a través de todos sus recuerdos, los buenos y los malos. A partir de eso pude construir este ballet que tiene el plus del diálogo entre la milonga, el ballet clásico y la danza contemporánea.
–¿Siente el reconocimiento del público en Uruguay tanto como en el exterior?
–Si, absolutamente. El apoyo no es incondicional y eso solo se sostiene con trabajo constante que además, en mi caso, es una pasión.
–Es conocido como bailarín y coreógrafo ¿Qué le hace sentir más completo?
–Las dos cosas. No compiten. Transitan mundos diferentes. Estar en escena me da ciertas cosas y coreografiar o dirigir también tiene sus facetas, así que no podría decir cuál me hace completo. Porque, además, creo que el ser humano no es completo y desde ahí viene mi creación. Como decía Leonard Cohen “en todo hay una fisura y por allí entra la luz”. Me parece que construyo desde que me reconozco incompleto. Solo así soy humano. Si fuera completo sería aburrido.