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Una cálida bienvenida
Una cálida bienvenida
Es Navidad. Emilia Díaz no se mueve del dúplex de barrio Palermo que comparte con Fernando Berriel. Su cuerpo le advierte que Vicente está por llegar al mundo, entonces llama a las parteras, prende los hornos de aromaterapia, y ensaya una danza para aliviar el dolor de las contracciones.Tiene planeado recibirlo en el living, desde donde se contempla la Bahía de Montevideo, pero de golpe siente la necesidad de refugiarse en el cuarto. Su esposo y su hermana están ahí, atentos a lo que ella precisa; y su madre espera abajo, con el auto casi en marcha por si hay que salir corriendo para la mutualista. De repente, ya no queda tiempo para caminatas, duchas o bailes que calmen los dolores. Se acuesta boca arriba en la cama, igual que en cualquier sala de parto convencional; agarra las manos de su marido y puja tan fuerte como puede. Su cerebro está apagado, el cuerpo es el que manda. Cuando se quiere acordar, Vicente descansa desnudo sobre su pecho; sin horarios para mimos ni besos, simplemente conociéndose el uno al otro. Lo mira y le parece único, no solo por ser su primer hijo; el hecho de haber nacido en su casa lo vuelve aún más especial. “Fue mágico”, dice la actriz y conductora. Ella quería un parto sin prisa, sin que nadie le marcara los tiempos; lejos de un ambiente despersonalizado, y con libertad para decir y hacer lo que le viniera en ganas en el momento. Hicieron fuerza algunas situaciones poco felices que se dieron en ciertas consultas médicas “solo por el hecho de querer estar informada”, advierte la comunicadora. Pero un motivo personal sumó muchos puntos; “despedí a mi padre en el calor del hogar y quería que mi hijo naciera de la misma manera". Emilia forma parte del mínimo porcentaje de uruguayas que programan un parto en casa. Para tener una idea, ya que no existen tales estadísticas en el país, el grupo de parteras que más nacimientos a domicilio asiste en Montevideo y que se agrupan en torno a la organización Nacer Mejor, auxilió el año pasado a 36 mujeres que planificaron dar a luz en sus hogares. Estamos hablando de un número ínfimo en el total de nacimientos, pero en crecimiento teniendo en cuenta que hace 15 años atendían dos o tres partos anuales. ¿Qué ventajas brinda esta opción? ¿Por qué no recurrir a un hospital como la mayoría? “Aquí la verdadera protagonista es la mujer y, en segundo lugar, el bebé, su pareja y el resto de la familia. La casa es un lugar conocido, con la calidez y los aromas propios de cada hogar, y esto da un nivel de relajación y tranquilidad que a veces es muy difícil de lograr en una institución”, enumera la partera y coordinadora de Nacer Mejor, Sylvia Sosa. Las rutinas médicas no existen en casa: no hay goteo de oxitocina para aumentar las contracciones y acelerar el nacimiento, tampoco anestesia para disminuir los dolores del parto. La episiotomía, es decir el corte en la vagina al momento de dar a luz, se hace solo si es estrictamente necesaria. Cada mujer puede adoptar la posición que le plazca: en cuclillas, en cuatro patas o acostada boca arriba. Tiene libertad para elegir la habitación y decidir con quién compartirá esa experiencia única. Casi todas prefieren que ese momento quede en la intimidad de la pareja, pero no faltan las que comparten la vivencia con todos sus seres queridos. “La fiesta con familiares y amigos está fuera de la casa o en la vivienda de al lado. De alguna manera sintonizan con lo que sucede, tiran su energía y se encargan de preparar algo para comer después del nacimiento”, cuenta Sosa, quien recibió a los tres hijos en su propia casa. El perfil de las parejas que toman esta determinación es bien variado: mujeres que van de los 21 a los 42 años de edad, ya sea acostumbradas al ruido diario de la ciudad o a la tranquilidad de la naturaleza, cada una con su formación, según la experiencia de Nacer Mejor. Los detractores tildan a estas madres de snobs o las asocian a una moda “hippie multiloca”, reconoce la partera. Cuando en realidad, “en estos años hemos atendido más profesionales y universitarios que hippies. La gama es amplia en estilos de vida, niveles de educación y estratos sociales”. Eligieron este camino Cindy Crawford, Pamela Anderson, Carla Conte, Julianne Moore, Meryl Streep y la top model brasilera Gisele Bündchen, que tuvo a Benjamin en la bañera de su casa. Lo importante es poder decidir, dice la morocha argentina que ganó la tercera edición de Bailando por un sueño. “Yo no reniego de los sanatorios, ni pienso que todo el mundo tiene que parir en su casa. Se trata de hacerlo donde tengas ganas, y en la forma que quieras. Mi abuela parió en su cama. No es un delirio, sino que se trata de estar más cerca de la naturaleza de tu cuerpo”, relata Conte a la revista Para Ti Mamá. Para los que lo eligen, dar a luz a domicilio lejos está de ser una locura. Sin embargo, hacerles entender esto a sus allegados es una carrera con demasiados obstáculos. Muy pocos los comprenden, incluso hay quienes intentan detenerlos. La misma historia se repite en casi todas las mujeres que toman esta decisión, por eso se la cuentan a unas pocas personas o directamente se callan. Eliana Sellanes tuvo a sus dos hijas, Isabella y Emilia, en la casa que comparte con Marcelo Ribero en El Pinar. En el segundo embarazo ya todos daban por descontada su elección, pero en el primero no habló demasiado “para evitar que alguien se pusiera nervioso. Quería estar lo más despejada posible de los temores ajenos. Además Isabella se demoró, nació casi de 42 semanas y esos 15 días previos sentí mucha presión de la gente. Pero yo estaba segura de que iba bien”. Tenían todo preparado. La casa estaba impecable y calefaccionada, y la ropa blanca, limpia y planchada, tal como les pidieron de antemano las parteras para poder concretar el parto allí. Además tenían pelotas, una hamaca colgada en el jardín, una piscina para el trabajo de parto y algunos otros elementos que pudieran ayudar a Eliana a vivir el proceso lo más confortablemente posible. Le inquietaba un poco la lejanía de la mutualista, otra verificación que se hace antes de asistir al nacimiento. En este caso, si surgía alguna complicación iban a demorar con suerte unos treinta minutos en llegar a Montevideo. Pero una vez en el baile, ni siquiera las 17 horas de trabajo de parto intranquilizaron a Eliana. “En ningún momento sentí miedo de estar en casa, todo lo contrario. Además, si hubiera sido en un sanatorio, seguro terminaba en una cesárea, nadie te espera tanta cantidad de horas de trabajo de parto”, cuenta la psicóloga que tenía pensado dar a luz en compañía de Marcelo y las dos parteras, pero al final se sumó una fotógrafa y una amiga con filmadora en mano para luego repetir ese instante las veces que quisieran. Emilia, en cambio, no les dio tiempo para tomar contacto con el acontecimiento. Llegó al mundo en un abrir y cerrar de ojos, con decir que apenas esperó el arribo de la partera. Al disco que le habían grabado para el parto lo escucharon después, mientras comían una rica pasta para celebrar. “La forma en que uno pretende criar a sus hijos empieza desde el embarazo, por eso queríamos recibirlas así. La partera ya sabe el nombre, conoce la casa. Cuando nace, te pone a tu hijo en el pecho, y una es la primera en cambiarlo, en ponerle el pañal. A los primeros que ve el bebé es a sus padres”, dice. Eliana admite que no deja de haber una cuota de incertidumbre, pero “lo mismo sucede en la mutualista, nunca sabés ciento por ciento lo que puede pasar”. Su conducta fue muy responsable, asegura, “porque una está al tanto de lo que sucede a cada instante y para qué se hacen las distintas maniobras”. Si bien el parto en casa es tan viejo como la humanidad, hoy en día las que lo asisten tienen un título universitario de respaldo. “No es que viene la partera con un tupper con agua caliente y listo. Es cierto que no pueden montar una sanatorio en casa, tampoco es la idea; pero sí cuentan con los implementos necesarios para trabajar”. Aquí surge la pregunta que desvela a la mayoría: ¿Es segura esta opción? Basándose en estudios realizados por el Centro Cochrane de Barcelona y el de Control y Enfermedades de Canadá, la partera Sylvia Sosa afirma que el nacimiento en el domicilio es tan seguro como el institucional siempre que el embarazo sea de bajo riesgo y se cumplan ciertos requisitos. Estos son: hacer los controles de rutina, verificar que durante el embarazo no hayan surgido patologías tales como diabetes o hipertensión; saber que el bebé crece bien, y que el trabajo de parto se inicie después de las 37 semanas de gestación y antes de las 42. En la otra esquina, los que no quieren saber nada con esta idea ponen sobre la mesa estudios como el realizado en Estados Unidos por el Maine Medical Center, que indican que el bebé fallece en el 0,2% de los alumbramientos domésticos. La cifra disminuye al 0,09% entre los pequeños que nacen en hospitales. Para que el parto sea exitoso, lo más importante es la infraestructura del lugar donde se lleva a cabo, afirman los médicos que defienden el parto institucional con uñas y dientes. En este marco, es clave la distancia que separa a la mamá y el bebé de un quirófano ante cualquier eventualidad. Está claro que si surge una complicación lo ideal es estar en el sanatorio. Nadie lo discute. Justamente por eso tiene que existir un plan B de antemano, para poder llegar al hospital frente al mínimo indicio de riesgo. En el 20% de los partos que asiste Nacer Mejor, la mujer termina en una institución médica. La mayoría de los traslados se da durante el trabajo de parto, pero algunas veces hay que salir de urgencia. Ahora que lo puede analizar con más objetividad porque todo salió bien, Flavia Buceta reconoce que tendría que haber tomado ciertos recaudos. Estaba convencida de que su hijo nacería en la casa, tal como lo habían planeado con su pareja Daniel Machado, pero los planes cambiaron de un momento a otro y debieron correr a la mutualista. “Ni siquiera el bolso tenía pronto. Fue un error, porque en ese momento me frustré mucho más y, además, Daniel tuvo que salir a buscar ropa para mí y el bebé”, cuenta con Imanol en brazos.

Al principio, él no quería saber nada con el parto en casa, pero se empezó a convencer a medida que se fue informando. “Yo siempre estuve segura. Quería darle a Imanol el regalo de tener un lindo nacimiento, en un ambiente privado, tranquilo y respetuoso”. Ni siquiera cuando los latidos del bebé dejaron de escucharse dudó de la decisión; “era algo que iba más allá del lugar, tenía la certeza de que era una circunstancia por la que había que pasar”. Descartaron la posibilidad de esperar a la emergencia móvil, “que todo el tiempo cuestionaba nuestra elección en vez de mandarnos una ambulancia”; y salieron disparados en el auto. “en el sanatorio me sentí un poco discriminada. Reconozco que yo llegué súper guerrillera porque no estaba dispuesta a cumplir algunos protocolos propios del hospital. No quería que cortaran el cordón antes de que dejara de latir; insistí en ponerme de la manera que me quedara cómoda; me dijeron ‘¿en cuatro patas? De ninguna manera, ponete así, acá no vengas con cosas raras‘. el destrato es el precio a pagar por la elección que uno toma”, señala Flavia. existe un fuerte cuestionamiento de las instituciones a esta opción. Sosa habla de un “castigo a las mujeres que deciden esto y que por alguna razón deben acudir al hospital o a la mutualista. No es justo”. A Flavia nada la hace más feliz que poder mirar a los ojos a Imanol, por eso se queda con lo positivo: “estuvo buenísimo el proceso, el final no se dio como nosotros lo queríamos pero eso nos sirvió para aprender que es imposible tener todo bajo control. A veces podés poner todo de vos, pero nunca sabés lo que pasará. es el misterio de la vida”. ella lo volvería a intentar en un futuro embarazo; porque así se siente segura. Lejos está de querer convencer a todas las mujeres de su parecer; la misma filosofía predican las otras mamás. “No es una decisión para todas, como tampoco lo es tenerlo institucionalmente. No soy una promotora de los nacimientos en casa sino de los partos con respeto”, dice emilia Díaz. ellas reclaman su derecho a decidir dónde y cómo parir. Si eso sucediera, tal vez no habría tantos de estos testimonios. La partera está convencida: “Si hubiera una apertura de las instituciones a dejar que la mujer elija la posición, a respetar sus tiempos, a dejar el bebé en los brazos de la madre y a dejar de funcionar en ese apuro demencial, nosotros asistiríamos muchos menos partos en casa”.



Prohibido Prohibir
 Ella no tendría un parto en casa ni se lo recomendaría a ninguna de sus hijas o sobrinas. La coordinadora del área de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud Pública, Leticia Rieppi, puede entender que las mujeres que eligen un parto en domicilio lo hacen en la búsqueda de un confort diferente. Pero no comparte esta opción, sea como ginecóloga o desde el lugar de normalizadora de políticas públicas. “No promovemos estos partos por considerarlos una práctica riesgosa”. En ningún momento habla de prohibición, tal como soltó en un primer momento el subsecretario de Salud, Leonel Briozzo, y luego bajó los decibeles. “Las prohibiciones tienen una pena, una sanción o una multa; y en este caso no existe nada de eso. Lo que podemos decir es que nosotros no lo promovemos”. Tampoco autorizan el funcionamiento de las casas de nacer: Al Centro de Maternidad Montevideo, destinado a atender los partos de bajo riesgo y promovido por el Instituto Perinatal del Uruguay, le negaron la habilitación. Rieppi elude entrar en un debate de evidencias científicas porque “los estudios son contradictorios de uno y otro lado”. Lo que asegura es que “Uruguay tiene una buena situación sanitaria en cuanto a resultados perinatales y consideramos que eso evolucionó desde la institucionalización del parto. Por eso nosotros afirmamos que continúen siendo así”. El parto humanizado, como se conoce a los nacimientos respetados, con libertad y sin tiempos, también es institucional, asegura la profesional. Pero en el sistema de salud uruguayo existe más de un debe: “No es que hoy en día no sea humanizado; sin embargo tenemos que trabajar para aumentar esta idea”. La embarazada debería contar con un equipo de salud estable durante el trabajo de parto, y hoy en día los médicos, parteros y enfermeros cambian constantemente. También debería conocer qué alternativas tiene a la mano durante este proceso, y no solo las medidas intervencionistas. “De repente la analgesia no es la mejor opción, sino estar informada sobre cuál es la posición más cómoda, la mejor manera de respirar y la ropa que es oportuno usar”. Eso de mandar al padre a hacer los trámites de ingreso cuando su mujer está por dar a luz “es falta de sentido común”. Para Rieppi, “si entrás en el sistema informático y comprobás que es socia de la institución, hacela ingresar y una vez nacido el bebé mandás al marido a hacer los trámites”. Las fallas están, pero de ambos lados del mostrador. Las mujeres no muestran interés por las charlas de preparación del parto, asegura la profesional. “Cuando van a los talleres se quedan encantadas pero hay que estimularlas mucho para que lo hagan. Ni siquiera les inquieta conocer la sala de parto donde darán a luz”. Y esto, señala, tampoco contribuye a la humanización del parto.



Inquietudes despejadas
–¿Cuánto cuesta el parto en casa? Sale 26 mil pesos uruguayos e incluye encuentros previos con la madre o la pareja, al menos una visita a la casa donde será el nacimiento, dos parteras durante el trabajo de parto y al momento de dar a luz, la revisación de un pediatra durante las 24 horas de vida del pequeño y el control puerperal en el domicilio la primera semana. Vale aclarar que ninguna institución médica cubre esta práctica.

 –¿La edad de la mujer es una limitante? No. Lo que hace la edad es aumentar algunos factores de riesgo que pueden surgir durante el embarazo, como hipertensión o diabetes. Pero no es un riesgo en sí: para una mujer que transitó bien su embarazo y lo controló adecuadamente el parto en casa es seguro.

 –¿Con cuánta antelación es recomendable tomar la decisión? Debería tomarse entre las 32 y 33 semanas de gestación; pero siempre hay tiempo hasta la semana número 36. Fuente: Nacer Mejor
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