
Lleva adelante el proyecto Pampinak, una compañía artística que pone en escena toda la magia del teatro negro. Esta disciplina, dice, es una maravillosa posibilidad para los actores de permanecer invisibles durante todo el espectáculo. El escenario es oscuro, y las personas están vestidas de negro. “Nos mimetizamos con la oscuridad, desaparecemos de la vista del público, y desde allí manipulamos a los muñecos, que son los verdaderos protagonistas”. Para alcanzar esa invisibilidad, la luz ultravioleta es el recurso más importante. Ésta permite que solo determinados colores reaccionen a la iluminación, marcando así el foco de atención. Además, recrea una experiencia visual, auditiva y aromática. “Mas allá de la historia que se cuenta, nos interesa generar climas y sensaciones en el público”, asegura el experto y agrega que los diálogos son pocos y funcionan como excusa para darle continuidad a la historia. El propósito, según explica, es que la gente genere fantasías a través de las sensaciones. “Es permitirse entrar en un sueño que atraviesa la edad, la cultura, y dejarse sorprender por lo inesperado, la belleza, la poesía, el humor y la fragilidad”. Hasta el domingo 22 de julio, a las 15, 17 y 20 horas, estará en el Teatro Solís presentando Koh, una obra para niños donde los sobrenatural parece cobrar vida.